me dice que el alma llama a la puerta.
El suspiro relegado a cenizas,
y se apaga la luz venidera.
El rocío del fausto campo
recuerda antiguos destellos de tu alma;
se confunde con el amargo llanto
y mi hondo pesar, a tu espalda, clama.
El cielo ruge y arde tu nombre,
y las piedras negras claman venganza.
Tus ojos se acuerdan de mis besos, y
mi único corazón clama esperanza.
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