Maldito manto negro que cubre tu pecho,
oscuro misterio que llevas a dentro.
Ardor,
sudor vetusto que rodea tus sueños;
Los pájaros cantan
Jagadamba, tu
sombra sonrié alegre mientras
que los ojos me arden, te desvelas en omnipotentes y ominiosas palabras
de perdon y de grises aullidos de silencio.
Gritas mi nombre en constante agonia de
querer no oirte; sabes más que el
regazo de mi madre
que en tus cantos de misericordia sufre el destello de la rosa.
Escupe en tu cuerpo, destruye tu cáscara,
acrecienta la sangre incandecente que de tus pétalos derramas.
Seduceme en tu baile de alcohol y formas,
reduce mi amplio juego al punto infimo de un jilguero azulmarino.
Mirame, estoy a tu lado.
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